¿Y si no fuera un problema de organización?

Hay personas que viven con la sensación de ir siempre corriendo.

Se prometen salir antes de casa, preparan las cosas con tiempo e incluso miran el reloj varias veces. Sin embargo, al final vuelven a llegar con el tiempo justo o incluso tarde.

Lo más frustrante es que no ocurre porque no les importe la puntualidad. De hecho, muchas de estas personas sufren precisamente por llegar siempre con prisas.

En Medicina Oriental, este comportamiento no siempre se interpreta como un problema de organización o de personalidad. A veces es la manifestación de un desequilibrio en el organismo.

1. “Lo pienso todo, pero me cuesta empezar.”

Hay personas que, desde que se levantan, ya saben todo lo que tienen que hacer.

En su cabeza hacen una lista perfecta:

* Ducharse.
* Preparar la mochila.
* Desayunar.
* Salir.

Pero entre pensar y actuar pasa demasiado tiempo.

Empiezan una tarea, se quedan pensando, vuelven a mirar el móvil, cambian de idea o simplemente sienten que el cuerpo tarda en ponerse en marcha.

Desde la Medicina Oriental, cuando el sistema digestivo (Bazo-Estómago) está debilitado, es frecuente que la mente dé muchas vueltas mientras la capacidad para transformar esas ideas en acción disminuye.

No es pereza.

Es como si hubiera poca energía disponible para arrancar.

2. “Justo antes de salir siempre aparece algo más.”

¿Te ha pasado alguna vez?

Ya tienes los zapatos puestos.

Solo falta abrir la puerta.

Pero de repente piensas:

“Voy a regar esta planta.”

“Voy a responder este mensaje rápido.”

“Voy a recoger esta taza.”

“Solo un minuto…”

Y ese minuto acaba convirtiéndose en diez.

En Medicina Oriental esto suele relacionarse con un bloqueo en la circulación del Qi.

Cuando el Qi no fluye bien, cuesta mantener una dirección clara. La atención salta de una cosa a otra y es fácil perder el objetivo principal.

No es falta de inteligencia.

Es dificultad para mantener el movimiento en una única dirección.

3. “Cuanto más deprisa voy, peor hago las cosas.”

Cuando ya vas tarde…

Empiezas a correr.

Y entonces aparecen los errores.

Olvidas las llaves.

No encuentras el móvil.

Te dejas algo importante.

Tienes que volver a casa.

Paradójicamente, cuanto más intentas acelerar, más tiempo pierdes.

Desde la Medicina Oriental, cuando la mente está demasiado agitada, disminuye la capacidad para mantener la atención.

El exceso de estrés hace que la cabeza vaya más rápido que el cuerpo.

4. “Siempre calculo mal el tiempo.”

Piensas que ducharte serán cinco minutos.

Acaban siendo quince.

Crees que llegar al trabajo cuesta veinte minutos.

Olvidas que hay tráfico, un semáforo o aparcar.

No es que no sepas mirar el reloj.

Es que tu percepción del tiempo puede verse afectada por el estado de tu energía y de tu concentración.

 

Entonces… ¿es psicológico o físico?

En realidad, ambas cosas están conectadas.

En Medicina Oriental no se separa el cuerpo de la mente.

Cuando la energía disminuye, la mente también pierde claridad.

Cuando las emociones se bloquean, la organización también puede verse afectada.

Cuando el descanso es insuficiente, las decisiones se vuelven más lentas.

Por eso, antes de pensar “soy un desastre organizándome”, quizá convenga preguntarse:

* ¿Cómo estoy durmiendo?
* ¿Cómo funciona mi digestión?
* ¿Tengo estrés constante?
* ¿Me siento con energía o llego agotado al final del día?

Muchas veces, mejorar el equilibrio del organismo también mejora la capacidad para organizarse, concentrarse y llegar con más calma a los sitios.

Porque, en ocasiones, el problema no está en el reloj, sino en cómo está funcionando tu cuerpo.

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